El oro blanco y nuestro futuro

Por Carlos Ruckauf – El noroeste de la Argentina posee la segunda reserva de litio del
mundo y junto a Bolivia y Chile, tenemos el 80 % de las reservas del llamado “oro
blanco”.
Entre 2025 y 2035, todas las grandes potencias habrán suplantado el parque de
transporte público y privado, por ómnibus, camiones, autos eléctricos e híbridos. Así lo
han anunciado desde Alemania a China, de EE.UU. a Rusia.
En la Unión Europea, está vigente la última fase de la norma Euro 6, sobre baja de
emisiones de motores y se está elaborando, para su aprobación en 2025, la norma Euro
7, que lleva los límites de emisiones contaminantes de Óxido de Nitrógeno y Monóxido
de Carbono, a niveles que impedirán, para 2025, la circulación de vehículos de gasolina
y diesel.
El Estado de California (décima economía del mundo comparada con países), prohíbe la
venta de automóviles y vehículos de pasajeros, de combustión interna desde 2035.
Por supuesto, el lobby de la industria trabaja para estirar las fechas límite. Propone
suplantar combustibles fósiles por sintéticos, manteniendo un tiempo más los motores a
combustión interna, especialmente para camiones y vehículos públicos de transporte.
Pero el fin está próximo. El nuevo gobierno alemán (integrado por socialdemócratas,
verdes y liberales) ya le ha adelantado, a su poderosa industria, que en 2030 no podrá
circular, por ese país, ningún vehículo que incumpla los principios de Euro 7.
En consecuencia, el mundo industrializado busca posicionarse para acceder a un
elemento cuyo precio subirá geométricamente en la próxima década. Nos encontramos
ante un dilema esencial: vender la materia prima o negociar la instalación de fábricas de
baterías y autos eléctricos en nuestros países.
El primer camino implica ganancias fáciles y rápidas, pero sin creación de puestos de
trabajo para nuestro pueblo. Los proyectos hasta ahora anunciados, sin mucho detalle,
parecen recorrer este trillado camino que, al fin de la época de los hidrocarburos,
encuentra a la mayoría de los países productores con las manos vacías.
Argentina tiene, desde hace décadas, una industria automotriz que deberá abandonar la
producción de vehículos con una propulsión que produce emanación de gases de efecto
invernadero. Puede reconvertirse a híbridos y eléctricos, aprovechando su capacidad
instalada y las grandes existencias de litio en nuestro país y así mantener y acrecentar
los puestos de trabajo o convertirse en meros importadores de la “tecnología limpia”
hacia la que camina el mundo.
Las reservas de litio del Cono Sur alimentan la esperanza de que, esta vez, nos
adelantemos al futuro y nuestras riquezas naturales sirvan para elevar el nivel de vida
del conjunto de los argentinos.

Carlos Ruckauf es ex vicepresidente de la Nación y ex ministro de Relaciones
Exteriores.

Fuente: Periódico Lea