La estrecha ventaja del SPD de Scholz frente a la CDU de Merkel vaticina una difícil negociación

El final de la campaña y el cierre de las urnas significó solamente el inicio de las negociaciones. La estrecha ventaja (menos de dos puntos) que obtuvo este domingo el socialdemócrata Olaf Scholz (25,9%) sobre la CDU/CSU (24,5%) de Armin Laschet abre la puerta a varias constelaciones y, a pesar de haber sido el candidato más votado, fue para él una victoria amarga. Con apenas las encuestas a pie de urna sobre la mesa, sin todavía un recuento de votos que permitiese un resultado consistente, Laschet compareció en la Casa Konrad Adenauer, donde el ánimo estaba decaído por la pérdida de aproximadamente un 9% de los votos, y animó la fiesta. La etiqueta política alemana exige que el segundo candidato más votado felicite cuanto antes al vencedor y esa tradición jamás se ha roto en la CDU, pero Laschet sorprendió evitando esa referencia al vencedor y anunciando que, ante el virtual empate, no renuncia a formar gobierno. Para sorpresa de todos, Angela Merkel subió con él al escenario. No estaba previsto que asistiese al recuento de los votos en la sede del partido y su presencia reforzaba sin duda la determinación de Laschet de permanecer en la carrera por la Cancillería. «Los votantes nos han dado un claro mandato para evitar un gobierno de izquierdas», argumentó Laschet, «será necesariamente un tripartito y vamos a centrar nuestros esfuerzos por mantener la estabilidad de Alemania».

Sus palabras fueron ratificadas pocos minutos después por elpresidente de Baviera y líder de la hermana conservadora bávara CSU, Markus Söder. «Es emocionante y está todo abierto», dijo, «este resultado es un cabeza con cabeza y hay oportunidades para CDU/CSU, todo es posible todavía». Markus atribuyó la remontada en el final de campaña a «la unidad mostrada por el partido en sus últimos actos electorales y a la cerrada opción por evitar como sea un gobierno rojo-rojo-verde». «Un gobierno de centro ciudadano es todavía posible y debemos intentarlo», afirmó después de haber hablado por teléfono brevemente con Laschet, «creemos en una 'coalición Jamaica', es ahora la mejor de las opciones, pero para eso todos tendremos que abandonar nuestra zona de confort y renunciar a hacer política de partido para pactar un apolítica federal». «Estamos dispuestos a negociar», insistió, dando por abierto el periodo de unas negociaciones en las que tendrían que participar también verdes y liberales. El primer guiño liberal de aquiescencia lo expresó el candidato Christian Lindner: «Tenemos uno de los mejores resultados de la historia de nuestro partido y el resultado conjunto dice que los alemanes quieren un gobierno de centro».

Olaf Scholz, por su parte, calificó de «gran éxito» el resultado porque «los votantes nos han lanzado hacia arriba y eso hay que celebrarlo». «Veo un mandato de gobierno», interpretó, «los votantes quieren un cambio y que el próximo canciller de la República se llame Olaf Scholz». «Esperaremos el final del recuento de los votos y después nos pondremos manos a la obra», adelantó, escoltado por los copresidentes del partido Norbert Walter-Borjans y Saskia Esken. «Olaf, tienes la confianza de la gente», subrayó Esken con aire de triunfo, pero en el rostro de Scholz y en su alegría contenida se apreciaba la preocupación por la complejidad de la situación y de las negociaciones en ciernes, para las que ofreció las primeras pistas de su estrategia: «pragmatismo, proactividad y determinación». Ya después de abandonar el escenario y en declaraciones a la cadena de televisión N-Tv, Scholz reiteró que Alemania seguirá siendo en todo caso un país fiel a sus compromisos con la OTAN, señalando así la primera línea roja de negociación con Los Verdes, que no daban todavía pistas sobre su preferencia.

Tres coaliciones posibles

Aritméticamente y a la espera de que se recuente hasta el último voto, serían posibles tres diferentes coaliciones: una 'coalición semáforo' de socialdemócratas, verdes y liberales con 428 diputados; una 'coalición Jamaica' de conservadores, verdes y liberales con 419 diputados; y otra 'gran coalición', esta vez presidida por Scholz, con 413 diputados y a la que Laschet dejaba también en sus declaraciones la puerta abierta. «Han sido 16 años de gobiernos Merkel que han aportado muchísimo a Alemania, 16 buenos años por los que tenemos que agradecer a Angela», dijo, interrumpido en ese punto por un larguísimo aplauso de los asistentes, «este resultado abierto nos sitúa ahora frente a un nuevo reto a todos».

Una de las principales claves de resolución de este escenario la tiene la candidata verde, Annalena Baerbock, que sin embargo no dio ni una mísera pista verbal. «Este es nuestro mejor resultado histórico», dijo, aunque admitió, sin embargo, que el partido no había logrado su objetivo electoral. «Queríamos más. No lo logramos, en parte debido a nuestros propios errores al comienzo de la campaña», reconoció, pero recuperó el tono combativo para recordar que «este país necesita un gobierno climático y ahora continuaremos luchando por esto». El colíder verde Robert Habeck, cuyo segundo plano en la campaña electoral ha terminado teniendo un alto coste, dejó abierto si su partido podría formar una coalición con el SPD o la CDU/CSU. «Queremos gobernar», se limitó a anteponer Habeck. «Existe la proximidad al SPD», admitió, «pero también es posible un gobierno bajo el liderazgo de la Unión. Lo importante es que sea que un gobierno encuentre las respuestas correctas a las preguntas del momento».

Los perdedores

En el bando de los perdedores de estas elecciones, marcadas por el adiós de Merkel y por la pandemia, se encuadraban anoche los partidos minoritarios de los extremos, la extrema izquierda de Die Linke, que con su 5% retrocede más de un 4% hasta ver peligrar su presencia parlamentaria, y la extrema derecha de AfD, que cede más de dos puntos porcentuales pero consolida su grupo parlamentario con el 10% de los votos y una presencia mucho más cristalizada en los Bundesländer orientales. En la larga noche de recuento de votos que el cierre de esta edición dejaba por delante también la pregunta sobre el papel que jugará la canciller en funciones, Angela Merkel, durante las previsiblemente largas y difíciles negociaciones. Su intención de pasar definitivamente a un segundo plano puede verse de nuevo truncada.

El libro más leído este verano en Alemania, una novela humorística de David Safier, la sitúa en su casita de campo en Brandemburgo, donde efectivamente cultiva patatas en el huerto aledaño los fines de semana, y dedicada a la investigación de crímenes sucedidos en el pueblo. Pero el virtual empate y la decisión de Laschet de no rendirse obligará seguramente a Merkel a mantener activa su autoridad y su mano izquierda en las negociaciones para, como decía a su lado Laschet apenas conocía los primeros resultados, «ser fieles al principal de los objetivos de nuestro partido: la estabilidad y la unidad de Alemania».

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Fuente: ABC