Muere el expresidente egipcio Mubarak a los 91 años

El «faraón» ha muerto en un hospital militar de El Cairo. Hosni Mubarak fue presidente de Egipto durante tres décadas, hasta que la revuelta popular propiciada por la llamada «Primavera Árabe» de 2011 le obligó a dimitir. El exdirigente, de 91 años, permanecía en cuidados intensivos desde que fuera operado a finales de enero, según informó la familia.

Expiloto de la Fuerza Aérea formado en la Unión Soviética, llegó al poder en 1981 tras el asesinato de Anwar Al Sadat a manos de un islamista. Mubarak sobrevivió en las siguientes tres décadas a media docena de intentos de asesinato. El más grave fue el que sufrió en Addis Abeba, cuando atacaron el vehículo en el que se dirigía a una cumbre de líderes africanos. Se consolidó como un «rais» que tuvo mano de hierro con los Hermanos Musulmanes y reforzó su mando gracias a los acuerdos con Israel, que le permitieron gozar del apoyo militar y económico de Estados Unidos. Esta ayuda multimillonaria, sin embargo, no tuvo reflejo en un país lastrado por la pobreza, el desempleo y la corrupción, caldo de cultivo para la «revuelta» que acabó con su mandato.

Tras el éxito de la revuelta en Túnez, el 25 de enero de 2011 diferentes grupos de la oposición egipcia se concentraron en la plaza más céntrica de la capital, Tahrir, para pedir la dimisión del ministro de Interior y el fin del Estado de Emergencia. Esa misma tarde comenzaron los choques con las fuerzas de seguridad y poco a poco, alentados por las redes sociales, miles de personas pusieron dirección a este lugar. Así empezó la historia de la caída de Mubarak, que tuvo que abandonar una presidencia de tres décadas después de tres semanas de protestas. Su plan era instaurar un sistema hereditario en el que su hijo más joven, Gamal, accediera a su trono como sucesor. No lo consiguió.

Tras ser apartado del gobierno, fue retenido en un hospital militar de la capital. Los medios egipcios le dieron por muerto debido a problemas de salud en 2012, pero no solo sobrevivió, sino que salió la calle al convertirse en el primer presidente árabe juzgado en su propio país. Fue condenado a cadena perpetua por la muerte de manifestantes, pero las apelaciones de sus abogados y los cambios políticos en el país hicieron posible que saliera a la calle.

En total, cumplió apenas tres años de prisión por apropiación de fondos públicos reservados a los palacios presidenciales. El mandatario no salió solo, ya que la absolución de los cargos por la muerte de manifestantes afectó también a su exministro de Interior, Habib al Adly, una de las figuras del antiguo régimen más odiadas por los manifestantes por su papel al frente de los órganos de seguridad, responsables de torturas y malos tratos.